Cirugía del frenillo lingual: cuándo operar y qué técnica elegir

Frenotomía, frenectomía, frenuloplastia, tijera, bisturí o láser no son decisiones intercambiables. La primera pregunta nunca debe ser qué instrumento utilizar, sino si existe una indicación quirúrgica real.

En torno al frenillo lingual se habla con frecuencia de técnicas «completas», liberaciones «profundas», láseres más precisos, ejercicios obligatorios o reintervenciones por una supuesta liberación insuficiente.

Para unos padres puede parecer que el resultado depende principalmente del aparato elegido.

Sin embargo, una técnica sofisticada no corrige una indicación equivocada.

Antes de elegir cómo operar hay que demostrar:

  • Qué función está alterada.
  • Por qué el frenillo es responsable.
  • Qué otras causas se han descartado.
  • Qué alternativas existen.
  • Qué beneficio concreto puede esperar el paciente.
  • Qué riesgos y limitaciones tiene la intervención.

El láser, la tijera o el bisturí son herramientas.

Ninguna herramienta convierte por sí sola un diagnóstico dudoso en una buena indicación quirúrgica.

¿Cuándo puede estar indicada una intervención?

En un lactante, la indicación mejor respaldada es una anquiloglosia verdaderamente restrictiva asociada a una dificultad funcional de alimentación que persiste a pesar de una evaluación y un apoyo adecuados a la lactancia. [1]

No basta con la forma del frenillo.

Deben valorarse conjuntamente:

  1. Una restricción objetiva para elevar, protruir o lateralizar la lengua.
  2. Una alteración funcional concreta y reproducible.
  3. Una relación mecánica razonable entre la restricción y el problema.
  4. Una repercusión clínica suficiente.
  5. La exclusión de otras causas más frecuentes.
  6. La persistencia pese al manejo conservador cuando corresponda.
  7. Una expectativa realista de beneficio.

En niños mayores, la decisión debe ser aún más individualizada.

Algunas limitaciones mecánicas importantes pueden dificultar:

  • La limpieza oral.
  • La movilización lateral del alimento.
  • Lamerse los labios.
  • Tomar un helado.
  • Determinados movimientos voluntarios de la lengua.
  • Algún gesto articulatorio concreto.

En problemas de articulación debe existir una evaluación logopédica específica y una relación plausible con la movilidad lingual. La evidencia general continúa siendo limitada y contradictoria. [2]

¿Cuándo no debería indicarse?

No existe respaldo suficiente para operar únicamente por:

  • La presencia de un frenillo visible con función normal.
  • Una clasificación anatómica aislada.
  • Una lengua aparentemente baja.
  • El uso del término poco definido «frenillo posterior» como única justificación.
  • Reflujo, gases, cólicos o ampollas de succión sin una alteración funcional demostrada.
  • Respiración oral sin estudiar la vía nasal.
  • Ronquido o apnea sin una evaluación completa de la vía aérea y del sueño.
  • Bruxismo.
  • Hipotonía.
  • Cervicalgia.
  • Alteraciones posturales.
  • Problemas conductuales.
  • Prevención de futuros problemas de habla.
  • Prevención de una posible apnea.
  • Prevención de maloclusiones u ortodoncia.
  • La suma de muchos síntomas inespecíficos.

La American Academy of Pediatrics afirma que la frenotomía para prevenir futuros problemas de articulación o apnea obstructiva del sueño no está basada en la evidencia. [1]

Frenotomía, frenectomía y frenuloplastia: no son exactamente lo mismo

La terminología no siempre se utiliza de forma uniforme en los estudios o en la práctica clínica.

Aun así, pueden diferenciarse tres procedimientos generales.

Frenotomía o frenulotomía

Consiste en seccionar el frenillo para liberar la restricción.

Suele ser el procedimiento más simple y es el término que muchas guías utilizan de forma amplia para referirse a la liberación del frenillo en lactantes.

La extensión de la sección debe decidirse según la anatomía y el objetivo funcional.

Frenectomía o frenulectomía

Implica resecar una porción mayor del tejido frenular.

Puede requerir:

  • Una disección más amplia.
  • Mayor control de la hemostasia.
  • Analgesia más intensa.
  • Sutura, según el caso.
  • Un seguimiento diferente.

Frenuloplastia

Además de liberar el tejido, reorganiza y reconstruye la zona mediante una plastia.

Puede realizarse, por ejemplo, mediante:

  • Z-plastia.
  • Plastias con colgajos.
  • Técnicas de elongación y cierre.

Puede plantearse cuando se busca una liberación y reparación más controlada o extensa, especialmente en niños mayores o restricciones complejas.

No debe deducirse que el procedimiento más extenso sea necesariamente mejor.

Una cirugía mayor también implica:

  • Una herida más amplia.
  • Más necesidad de analgesia.
  • Posibles suturas.
  • Mayor inflamación.
  • Un seguimiento más complejo.

¿Con qué instrumentos puede realizarse?

Tijera

Permite una sección mecánica directa del tejido.

Es una técnica convencional, rápida y ampliamente utilizada. Requiere:

  • Control visual.
  • Conocimiento anatómico.
  • Buena inmovilización.
  • Capacidad para controlar el sangrado.

Bisturí

También realiza un corte mecánico directo.

Puede utilizarse en intervenciones más amplias o cuando se requiere una disección precisa y controlada.

Electrocirugía

Utiliza energía eléctrica para cortar o coagular.

Puede disminuir el sangrado, pero introduce una lesión térmica cuyo alcance debe controlarse cuidadosamente.

Láser

Existen distintos tipos de láser y diferentes parámetros de:

  • Potencia.
  • Energía.
  • Tiempo de exposición.
  • Frecuencia.
  • Longitud de onda.
  • Forma de aplicación.

Puede ofrecer hemostasia y precisión, pero también produce una lesión térmica.

Hablar de «láser» como si fuera una única técnica oculta diferencias importantes entre equipos, parámetros y experiencia del operador.

¿Es mejor el láser?

No existe evidencia suficiente para afirmar que el láser sea, de manera general, superior a la tijera o al bisturí.

Una revisión sistemática publicada en 2020 comparó técnicas convencionales, láser y plastias. La heterogeneidad de los estudios impidió establecer una ventaja clara de una técnica sobre otra. Además, los ensayos aleatorizados disponibles eran de baja calidad. [3]

Un ensayo aleatorizado publicado en 2025 comparó láser de diodo y bisturí en 80 lactantes con anquiloglosia grave.

Ambas técnicas mejoraron la función y la alimentación, sin diferencias entre los grupos en la mayoría de los resultados.

Al séptimo día, el grupo tratado con bisturí obtuvo mejores puntuaciones de lactancia. Además, una mayor energía láser se relacionó con peor calidad de cicatrización a los catorce días. [4]

Este estudio no demuestra que el bisturí sea siempre superior.

Sí refuerza una idea fundamental:

El láser no garantiza automáticamente mejores resultados y sus parámetros importan.

¿Qué técnica es la mejor?

No existe una respuesta universal.

La técnica debe adaptarse a:

  • La edad del paciente.
  • La anatomía.
  • La extensión de la restricción.
  • La función alterada.
  • La cooperación del niño.
  • La necesidad o no de sutura.
  • El riesgo hemorrágico.
  • La experiencia real del cirujano.
  • El entorno en el que puede realizarse con seguridad.
  • La capacidad para realizar un seguimiento adecuado.

La comparación correcta no es «láser frente a tijera» en abstracto.

La pregunta correcta es:

¿Qué procedimiento necesita este paciente, quién lo realizará, con qué experiencia y cómo se controlarán el dolor, el sangrado, la cicatrización y las posibles complicaciones?

Edad, anestesia y lugar de realización

Una frenotomía simple en un lactante pequeño no es equivalente a una frenuloplastia en un niño mayor.

La elección entre:

  • Consulta.
  • Gabinete quirúrgico.
  • Quirófano.
  • Anestesia local.
  • Sedación.
  • Anestesia general.

depende de:

  • La edad.
  • La cooperación.
  • La extensión prevista.
  • La necesidad de sutura.
  • El riesgo de sangrado.
  • La seguridad.

Los anestésicos tópicos no han demostrado controlar adecuadamente por sí solos el dolor de la frenotomía en lactantes en un ensayo aleatorizado. [5]

Por ello, el plan analgésico y anestésico debe individualizarse y no presentarse como un protocolo idéntico para todos.

En niños mayores, una liberación extensa realizada con movimientos imprevisibles o una inmovilización insuficiente puede aumentar el riesgo.

El entorno debe permitir:

  • Control anatómico.
  • Inmovilización segura.
  • Hemostasia.
  • Sutura cuando sea necesaria.
  • Atención de posibles complicaciones.

Riesgos y posibles complicaciones

La cirugía del frenillo suele ser bien tolerada cuando está correctamente indicada y realizada, pero no es un acto carente de riesgo.

Entre las posibles complicaciones se encuentran:

  • Dolor.
  • Sangrado.
  • Infección.
  • Lesión de estructuras vecinas.
  • Cicatriz.
  • Reanclaje.
  • Rechazo oral.
  • Aversión a la alimentación.
  • Persistencia del problema funcional.
  • Necesidad de una nueva intervención.
  • Retraso en el diagnóstico de la verdadera causa de los síntomas.

Una encuesta entre profesionales sanitarios documentó complicaciones y diagnósticos omitidos tras frenotomías infantiles.

Entre los problemas no reconocidos inicialmente destacaron:

  • Disfunciones neuromusculares.
  • Apoyo insuficiente a la lactancia.
  • Otras causas de dificultad alimentaria.

Al tratarse de una encuesta de casos atendidos, no permite calcular la incidencia real de estas complicaciones, pero demuestra que los errores diagnósticos y los efectos adversos existen. [6]

¿Son obligatorios los masajes y estiramientos?

Este es uno de los puntos más controvertidos.

No existe un protocolo universalmente aceptado.

Un estudio retrospectivo de 599 lactantes no encontró diferencias significativas en recurrencia o lactancia entre quienes recibieron masaje posoperatorio y quienes no lo recibieron. [7]

Posteriormente, un estudio prospectivo publicado en 2025 observó menos recurrencias y revisiones entre las familias que cumplieron un protocolo de estiramiento que entre las no adherentes o las que no recibieron estiramientos. [8]

Estos resultados no son necesariamente incompatibles, porque:

  • Los diseños de los estudios son distintos.
  • Las técnicas quirúrgicas pueden no ser iguales.
  • La adherencia a los ejercicios varía.
  • La definición de reanclaje no siempre es uniforme.
  • Los grupos de pacientes pueden ser diferentes.

Por tanto, no puede defenderse que todos los niños deban recibir el mismo protocolo ni que abrir repetidamente la herida sea imprescindible en cualquier caso.

La recomendación debe individualizarse según:

  • La técnica utilizada.
  • La extensión de la intervención.
  • La edad.
  • El riesgo de reanclaje.
  • La tolerancia del niño.
  • El objetivo funcional.
  • La experiencia del equipo.

La familia debe conocer que la evidencia continúa evolucionando.

¿Qué papel tiene la logopedia antes y después?

La cirugía libera una restricción anatómica.

No enseña automáticamente una función.

Un patrón de habla, masticación o deglución consolidado puede requerir rehabilitación antes o después de la intervención.

La logopedia puede ser útil para:

  • Documentar la limitación funcional preoperatoria.
  • Comprobar si el problema mejora con tratamiento conservador.
  • Definir objetivos funcionales realistas.
  • Trabajar patrones de movilidad.
  • Reeducar funciones que no se adquieren automáticamente tras la cirugía.
  • Evaluar de manera objetiva el resultado.

Sin embargo, tampoco debe imponerse una terapia miofuncional universal sin una indicación individual.

Una revisión sistemática encontró resultados potencialmente favorables, pero destacó la escasez y heterogeneidad de los estudios. [9]

¿Quién debe indicar y realizar la cirugía?

Una posible restricción puede ser detectada por distintos profesionales.

La indicación quirúrgica debe establecerla un facultativo con competencia diagnóstica y quirúrgica en el territorio:

  • Otorrinolaringólogo.
  • Odontólogo o estomatólogo.
  • Cirujano oral y maxilofacial.

Según el caso y el ámbito de actuación de cada profesional.

Quien indique la operación debe poder:

  1. Confirmar el diagnóstico.
  2. Explicar por qué el frenillo es responsable.
  3. Descartar otras enfermedades.
  4. Seleccionar la intervención apropiada.
  5. Elegir el método de ejecución.
  6. Informar sobre beneficios y limitaciones.
  7. Explicar los riesgos.
  8. Realizar el seguimiento.
  9. Atender las posibles complicaciones.

Preguntas que conviene hacer antes de aceptar una operación

  • ¿Qué función está alterada exactamente?
  • ¿Qué hallazgo demuestra que el frenillo es responsable?
  • ¿Qué otras causas se han descartado?
  • ¿Qué procedimiento se propone?
  • ¿Es una frenotomía, una frenectomía o una frenuloplastia?
  • ¿Por qué se ha elegido esa extensión?
  • ¿Por qué se utilizará ese instrumento?
  • ¿Qué beneficio concreto se espera?
  • ¿Qué síntomas podrían no mejorar?
  • ¿Qué analgesia o anestesia se utilizará?
  • ¿Dónde se realizará la intervención?
  • ¿Qué riesgos existen?
  • ¿Qué signos de alarma deben vigilarse?
  • ¿Quién realizará el seguimiento?
  • ¿Será necesario tratamiento funcional posterior?
  • ¿Qué ocurrirá si no se opera?

Conclusión

La mejor cirugía no es la más profunda, la más novedosa ni la realizada con el dispositivo más costoso.

Es la que:

  • Se indica a un paciente correctamente seleccionado.
  • Persigue un objetivo funcional concreto.
  • Utiliza una técnica proporcionada.
  • Se realiza en un entorno seguro.
  • Se acompaña de seguimiento.

Antes de preguntar «¿láser o tijera?», hay que responder «¿por qué operar y qué pretendemos mejorar?».

Bibliografía

  1. Thomas J, Bunik M, Holmes A, et al. Identification and Management of Ankyloglossia and Its Effect on Breastfeeding in Infants: Clinical Report. Pediatrics. 2024. DOI: 10.1542/peds.2024-067605.
  2. Messner AH, Walsh J, Rosenfeld RM, et al. Clinical Consensus Statement: Ankyloglossia in Children.Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2020;162(5):597-611. DOI: 10.1177/0194599820915457.
  3. Khan U, MacPherson J, Bezuhly M, Hong P. Comparison of Frenotomy Techniques for the Treatment of Ankyloglossia in Children: A Systematic Review. Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2020;163(3):428-443. DOI: 10.1177/0194599820917619.
  4. Carneiro MLT, et al. Diode Laser Versus Scalpel in the Surgical Treatment of Infant Ankyloglossia: A Randomized, Parallel, Double-Blind, Controlled Clinical Trial. BMC Pediatrics. 2025;26:22. DOI: 10.1186/s12887-025-06307-y.
  5. Shavit I, et al. A Randomized Trial to Evaluate the Effect of Two Topical Anesthetics on Pain Response During Frenotomy in Young Infants. Pain Medicine. 2017. DOI: 10.1093/pm/pnw097.
  6. O’Connor ME, Gilliland AM, LeFort Y. Complications and Misdiagnoses Associated With Infant Frenotomy: Results of a Healthcare Professional Survey. International Breastfeeding Journal. 2022;17:39. DOI: 10.1186/s13006-022-00481-w.
  7. Bhandarkar KP, Dar T, Karia L, Upadhyaya M. Post Frenotomy Massage for Ankyloglossia in Infants—Does It Improve Breastfeeding and Reduce Recurrence? Maternal and Child Health Journal. 2022;26(8):1727-1731. DOI: 10.1007/s10995-022-03454-x.
  8. Miller JE, Chung HR, Marshall CR, Wilhalme HM, West AN. Outcomes of Stretching Exercises After Lingual Frenotomy in Infants: A Prospective, Interventional Study. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology. 2025;191:112280. DOI: 10.1016/j.ijporl.2025.112280.
  9. González Garrido MDP, et al. Effectiveness of Myofunctional Therapy in Ankyloglossia: A Systematic Review.International Journal of Environmental Research and Public Health. 2022;19:12347. DOI: 10.3390/ijerph191912347.

La elección de una técnica y del plan posoperatorio requiere una valoración individual por el facultativo responsable. Este artículo no sustituye una indicación clínica.

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