Frenillo lingual en niños: ¿quién debe valorarlo?

Cuando unos padres consultan por un posible frenillo lingual, es frecuente que reciban opiniones diferentes.

Un profesional puede detectar dificultades durante la lactancia. Otro puede observar que el niño mueve poco la lengua. El logopeda puede apreciar problemas al hablar o al tragar. El dentista puede encontrar alteraciones en la mordida. Y el otorrinolaringólogo puede estudiar si existen otros problemas en la boca, la nariz, la garganta o la audición.

Esto no significa necesariamente que alguien se esté equivocando.

El frenillo lingual puede influir en distintas funciones, pero no todos los problemas de lactancia, habla, respiración o alimentación se deben al frenillo.

Por eso, lo más importante no es únicamente comprobar si el frenillo parece corto, sino responder a una pregunta mucho más útil:

¿El frenillo está limitando realmente alguna función del niño?


¿Por qué pueden intervenir varios profesionales?

La lengua participa en muchas actividades:

  • Mamar.
  • Comer.
  • Masticar.
  • Tragar.
  • Hablar.
  • Mantener una postura adecuada dentro de la boca.

Por eso, dependiendo de la edad y del problema principal, pueden intervenir pediatras, matronas, especialistas en lactancia, logopedas, odontólogos, ortodoncistas, neurólogos u otorrinolaringólogos.

Cada profesional observa una parte distinta del problema.

Lo importante es que compartan la información y que ninguno atribuya automáticamente todos los síntomas al frenillo.


En los bebés: primero hay que observar bien la lactancia

Cuando un bebé mama con dificultad, la madre tiene dolor o el niño no gana peso correctamente, es razonable valorar el frenillo.

Pero antes de plantear una operación hay que observar una toma completa.

La matrona, enfermera o especialista en lactancia puede comprobar:

  • Si el bebé se coloca correctamente.
  • Si el agarre al pecho es adecuado.
  • Si realiza una succión eficaz.
  • Si la madre tiene dolor, grietas o heridas.
  • Si el bebé se cansa durante la toma.
  • Si vacía correctamente el pecho.
  • Si el problema mejora corrigiendo la postura o el agarre.

En muchos casos, las dificultades de lactancia pueden mejorar con apoyo y correcciones técnicas.

Tener frenillo no significa automáticamente necesitar una frenotomía.

El pediatra también debe valorar el crecimiento del bebé, su desarrollo y la existencia de otros problemas que puedan dificultar la alimentación.


En los niños mayores: hablar mal no siempre se debe al frenillo

Algunas familias consultan porque el niño no pronuncia bien determinados sonidos, especialmente la erre.

El logopeda puede estudiar:

  • Cómo mueve la lengua.
  • Qué sonidos pronuncia incorrectamente.
  • Si existe una dificultad concreta de articulación.
  • Si hay problemas de masticación o deglución.
  • Si el niño mejora con tratamiento logopédico.

Sin embargo, una dificultad para pronunciar la erre, una dislalia o un retraso del lenguaje no demuestran por sí solos que el frenillo sea la causa.

Los problemas del habla también pueden relacionarse con:

  • Una hipoacusia.
  • Un retraso del lenguaje.
  • Un trastorno fonológico.
  • Problemas neurológicos o del desarrollo.
  • Falta de maduración.
  • Otras alteraciones de la boca o del paladar.

Por eso, antes de operar, debe comprobarse que existe una limitación real de la lengua y que esa limitación explica el problema concreto del niño.


¿El frenillo puede causar respiración oral o ronquidos?

La respiración oral y el ronquido no deben atribuirse automáticamente al frenillo.

Un niño puede respirar por la boca por muchas causas más frecuentes, como:

  • Rinitis.
  • Congestión nasal.
  • Cornetes aumentados de tamaño.
  • Adenoides grandes.
  • Amígdalas grandes.
  • Alteraciones del paladar.
  • Problemas de respiración durante el sueño.

El otorrinolaringólogo puede estudiar la nariz, la garganta, las amígdalas, las adenoides y la vía respiratoria.

Si el niño ronca, duerme mal o presenta pausas respiratorias, necesita una valoración específica del sueño y de la respiración. Cortar el frenillo no debe presentarse como una solución automática para estos problemas.


¿Y si tiene el paladar estrecho o mala mordida?

La forma de los dientes, la mordida, las arcadas y el crecimiento de los maxilares deben ser valorados por un odontólogo u ortodoncista.

Un paladar estrecho, una mordida cruzada o un apiñamiento dental pueden coincidir con un frenillo lingual, pero eso no demuestra que el frenillo sea la causa.

Tampoco puede asegurarse que cortar el frenillo vaya a evitar una futura ortodoncia.


El frenillo tampoco explica todos los problemas de alimentación

Un niño que come mal, se atraganta, rechaza determinadas texturas o tarda mucho en comer puede necesitar una valoración más amplia.

Las dificultades alimentarias también pueden deberse a:

  • Problemas de deglución.
  • Hipotonía o debilidad muscular.
  • Reflujo.
  • Alteraciones neurológicas.
  • Problemas sensoriales.
  • Dificultades conductuales.
  • Alteraciones anatómicas de la boca o la garganta.

Por eso, el diagnóstico no debe reducirse a observar una pequeña membrana debajo de la lengua.


El otorrinolaringólogo no solo comprueba si el frenillo puede cortarse.

Debe valorar al niño de forma global y responder a varias preguntas:

  • ¿La lengua se mueve realmente menos de lo normal?
  • ¿Qué movimiento está limitado?
  • ¿Esa limitación está causando un problema concreto?
  • ¿Puede existir otra causa más probable?
  • ¿Hay obstrucción nasal?
  • ¿Existen adenoides o amígdalas grandes?
  • ¿El paladar y la garganta son normales?
  • ¿Puede haber un problema de audición?
  • ¿Hay dificultad para tragar?
  • ¿La cirugía aportaría un beneficio real?

El objetivo no es operar un frenillo. El objetivo es mejorar una función concreta del niño.


¿Quién decide si hay que operar?

Distintos profesionales pueden detectar una posible limitación de la lengua y recomendar una valoración.

Pero detectar un frenillo no es lo mismo que decidir una operación.

La indicación quirúrgica debe establecerla un facultativo con formación para:

  • Confirmar el diagnóstico.
  • Descartar otras causas.
  • Explicar las alternativas.
  • Valorar los beneficios esperados.
  • Informar de los riesgos.
  • Elegir la técnica adecuada.
  • Realizar el seguimiento.
  • Tratar las posibles complicaciones.

Según el caso, este profesional puede ser un otorrinolaringólogo, un odontólogo, un estomatólogo o un cirujano maxilofacial.

La familia puede acudir a consulta con una recomendación de valoración, pero la operación no debería llegar al cirujano como una decisión ya tomada.


¿Cuándo puede plantearse una cirugía?

La cirugía puede considerarse cuando se cumplen tres condiciones:

  1. Existe una limitación objetiva del movimiento de la lengua.
  2. Esa limitación provoca un problema funcional concreto.
  3. Se espera que la intervención aporte un beneficio real.

Dependiendo del problema, antes de operar puede ser necesario intentar:

  • Apoyo a la lactancia.
  • Corrección del agarre y la postura.
  • Logopedia.
  • Tratamiento de la obstrucción nasal.
  • Rehabilitación.
  • Tratamiento odontológico u ortodóncico.

En algunos casos, la cirugía puede ser útil. En otros, no será necesaria o no solucionará todos los síntomas.


Preguntas que los padres deberían hacer

Antes de aceptar una intervención, es razonable preguntar:

  • ¿Qué problema concreto tiene mi hijo?
  • ¿Cómo sabemos que lo causa el frenillo?
  • ¿Qué otras causas se han descartado?
  • ¿Se puede intentar primero un tratamiento no quirúrgico?
  • ¿Qué mejoría esperamos conseguir?
  • ¿Qué síntomas podrían no mejorar?
  • ¿Qué riesgos tiene la intervención?
  • ¿Quién realizará el seguimiento?
  • ¿Necesitará lactancia, logopedia o rehabilitación después?

Lo más importante

El frenillo lingual no debe valorarse únicamente por su aspecto.

Puede parecer corto y no provocar ningún problema. También puede limitar la lengua y afectar realmente a la lactancia, la alimentación o el habla.

La decisión debe basarse en la función del niño, no en fotografías, vídeos, testimonios ni listas generales de síntomas.

No se trata de preguntar únicamente si el niño tiene frenillo, sino de saber si ese frenillo le está causando un problema real.

La mejor atención se consigue cuando cada profesional aporta su valoración y la familia recibe una explicación clara, prudente y adaptada a su hijo.

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Bibliografía esencial

  1. American Academy of Pediatrics. Identification and Management of Ankyloglossia and Its Effect on Breastfeeding in Infants. Pediatrics. 2024.
  2. Messner AH, et al. Clinical Consensus Statement: Ankyloglossia in Children. Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2020.
  3. Wang J, et al. The Effect of Ankyloglossia and Tongue-Tie Division on Speech Articulation: A Systematic Review.2022.
  4. Póvoa-Santos L, et al. Ankyloglossia and Malocclusion: A Systematic Review and Meta-Analysis. 2024.

Este artículo ofrece información general y no sustituye una valoración médica individual.

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